Es la verdad relativa?
Cuando alguien afirma que la verdad es relativa, generalmente quiere decir que no existe una verdad absoluta, válida para todos. Según esta idea, algo puede ser "verdadero para usted", pero "no para mí". Así, expresiones como: "Está bien si para usted Dios existe, pero para mí no", reflejan la creencia —muy extendida hoy— de que toda verdad es subjetiva y depende del punto de vista personal.
A primera vista, esta postura puede parecer abierta, tolerante y respetuosa. Sin embargo, al examinarla con más cuidado, se revela como contradictoria. Decir que "Dios existe para usted, pero no para mí" no es una declaración neutral, sino una forma de negar la objetividad de la fe del otro. En el fondo, implica que no hay un Dios que exista independientemente de nuestras opiniones, lo cual choca con la visión cristiana.
La verdad, entendida en sentido pleno, no puede ser contradictoria ni cambiante. Nadie en su sano juicio dice: “La gravedad funciona para usted, pero no para mí”, y salta de un edificio esperando no caer. Esto muestra que, al menos en ciertas áreas —como la ciencia, la matemática o la lógica—, todos reconocemos la existencia de verdades objetivas.
La afirmación "la verdad es relativa" se refuta a sí misma: si fuera cierta, entonces también esa misma afirmación sería relativa, y por lo tanto, no confiable. Se convierte así en una contradicción lógica.
Es cierto que hay afirmaciones que son subjetivas, como los gustos personales: "el Ford Mustang es el mejor auto", por ejemplo, expresa una preferencia, no una verdad universal. Pero otras afirmaciones pueden ser verdaderas o falsas objetivamente: si alguien dice, "hay un Ford Mustang rojo estacionado en la calle y es mío", esa afirmación debe corresponderse con los hechos. Si el auto no es rojo, o no le pertenece, entonces la afirmación es falsa, no importa lo que esa persona piense o desee.
En cuestiones espirituales y morales, muchas personas reducen la religión a un tema de opinión personal. Frases como: "Usted prefiere a Jesús, y eso está bien si le ayuda", muestran esta actitud relativista. Pero el cristianismo no se basa en opiniones, sino en la revelación de Dios. La fe católica enseña que la verdad es una, objetiva y accesible, porque Dios mismo es la Verdad (cf. Juan 14:6; Catecismo de la Iglesia Católica, 2465).
Dios no cambia (cf. Malaquías 3:6), y su verdad no depende de lo que nosotros pensemos de ella. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, enseñó con autoridad y comparó sus palabras con una roca firme (cf. Mateo 7:24). Él afirmó con claridad: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Esta no es una afirmación subjetiva, sino universal: válida para toda persona, en todo tiempo.
Así como todos necesitamos respirar para vivir, también todos necesitamos nacer de nuevo por el agua y el Espíritu para tener vida eterna (cf. Juan 3:3-5). Esta es una verdad que no cambia con las opiniones humanas, porque está fundada en la Palabra eterna de Dios.
La Iglesia no impone la verdad, sino que la propone con amor, convencida de que la verdad nos hace libres (cf. Juan 8:32), y que todos los hombres tienen derecho a conocerla y acogerla libremente. La verdadera libertad no consiste en crear nuestra propia verdad, sino en acoger la Verdad que nos salva y nos da sentido.
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