Que pasa si no puedo?



 ¿Qué pasa si no puedo?

"Todo lo puedo en Aquel que me conforta" Filipenses 4,13

Lo que sí puedes hacer

Hay cosas sencillas que, con la gracia de Dios, puedes comenzar hoy mismo: leer la Palabra de Dios, hacer Lectio Divina, formarte, rezar, pedir con fe, obedecer tu conciencia rectamente formada, participar de la vida sacramental, vivir en comunidad, buscar dirección espiritual. Como enseña la Escritura:

"Este precepto que yo te mando hoy no está por encima de tus fuerzas ni fuera de tu alcance (...). Está muy cerca de ti: en tu boca y en tu corazón, para que lo cumplas" (Dt 30,11.14).

Estas prácticas son como semillas de vida: actos concretos que manifiestan tu deseo de caminar hacia Dios. Como una suave lluvia, te van empapando de su gracia y preparándote para vivir plenamente en Él.

Lo que no puedes hacer por ti mismo

Hay aspectos de la vida cristiana que superan nuestras fuerzas naturales. Como dice san Pablo:

"El deseo de la carne es enemigo de Dios, porque no se somete a su ley, ni puede hacerlo" (Rom 8,7).

Aunque el Bautismo nos ha hecho hijos de Dios y miembros de Cristo (cf. Catecismo, 1265), seguimos combatiendo contra las tendencias desordenadas del pecado (cf. Catecismo, 1264). La fe recibida en el Bautismo necesita crecer:

"En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo" (Catecismo, 1254).

Sin ese crecimiento, el don recibido permanece como una semilla no desarrollada. Por eso, muchas exigencias evangélicas —amar al enemigo, perdonar siempre, cargar la cruz, renunciar a uno mismo— pueden parecernos imposibles.

Pero no lo son para el que ha sido transformado por el amor de Dios y guiado por el Espíritu Santo. El Señor nos dice:

"Sin mí, no pueden hacer nada" (Jn 15,5), pero también: "Para Dios, nada es imposible" (Lc 1,37).

La clave: dejar que Dios actúe en ti

Vivir el Evangelio requiere una fe madura y una relación profunda con Dios. No es cuestión de esfuerzo humano aislado, sino de permitir que el Espíritu Santo actúe en ti. Como decía Santa Teresa de Lisieux:

"Cuando soy caritativa, es únicamente Jesús quien actúa en mí".

Y Santa Teresa de Calcuta lo resumía así:

"Somos pequeños instrumentos, pero muchos pequeños instrumentos en las manos de Dios pueden hacer milagros".

No estás solo

La vida cristiana no se vive en soledad. La Iglesia es una familia espiritual, y en ella recibimos apoyo, enseñanza, corrección y consuelo. San Pablo nos exhorta:

"Animaos mutuamente y edificaos unos a otros" (1 Tes 5,11).

Los sacerdotes, como pastores según el corazón de Cristo, están llamados a acompañarte. Acude a ellos cuando tengas dudas, luchas o necesites orientación. Eso sí: busca siempre sacerdotes fieles a Cristo y a la enseñanza de la Iglesia.

Todo es gracia

Todo es don de Dios. Él te ama gratuitamente, incluso cuando caes o te alejas. No necesita nada de ti, ni tus rezos ni tus méritos le aumentan en gloria. Todo lo que te pide es por tu bien, para tu verdadera felicidad.

"¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (1 Cor 4,7).

No entres en el error del “trueque espiritual”: no se trata de rezar para exigir favores, sino de amar porque Dios te amó primero.

Si caes, levántate

El pecado es serio y daña tu alma. Pero nunca es el final. Cristo vino a perdonar y sanar, y lo hace especialmente en el Sacramento de la Reconciliación. Cuando te arrepientes y vas a confesarte, Él mismo te dice:

"Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más" (Jn 8,11).

Como enseñó el Concilio Vaticano II:

"Quienes se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y, al mismo tiempo, la reconciliación con la Iglesia" (Lumen Gentium, 11).

Ponerlo en práctica

Si has decidido caminar hacia la Vida, comienza con pasos concretos:

Busca un sacerdote y confiésate.

Asiste a Misa los domingos y fiestas de precepto.

Escucha con atención la Palabra de Dios y participa de la Eucaristía.

Practica la Lectio Divina, especialmente con los Evangelios.

Busca ayuda si no comprendes algo: la fe crece cuando se pregunta y se busca.

Y, sobre 

todo, recuerda siempre: ¡Dios te ama!



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