LA IGLESIA NO EXISTE PARA AGRADAR AL MUNDO, SINO PARA SALVARLO (breve reflexión)
Hoy en día, muchos desean una Iglesia que se adapte a los criterios y valores cambiantes del mundo. Sin embargo, la verdad es que no es la Iglesia quien debe cambiar su enseñanza para complacer al mundo, sino que el mundo está llamado a la conversión en Cristo. La Iglesia, fundada por Jesucristo, es custodia de la verdad revelada, y su misión es anunciar el Evangelio sin concesiones, aunque la verdad pueda incomodar o ser contraria a las modas pasajeras.
El cristianismo no fue instituido para ser popular ni cómodo, sino para ser fiel a la voluntad de Dios. Jesús entregó su vida en la cruz no para darnos una existencia fácil, sino para abrirnos las puertas de la vida eterna y la verdadera felicidad en Él.
Por eso, cuando la Iglesia proclama enseñanzas que no son del agrado del mundo, no lo hace por obstinación, sino por amor auténtico. El amor verdadero no consiente el pecado, sino que lo denuncia con claridad, llamándolo por su nombre, y al mismo tiempo ofrece el camino de la gracia y la salvación. La misión de la Iglesia es conducir las almas hacia la santidad y la vida eterna, no ofrecer una paz efímera ni una falsa tranquilidad basada en relativismos o concesiones a la cultura dominante.
Por eso, mantente firme en la fe y en la esperanza, incluso cuando el mundo te dé la espalda. Recuerda que Cristo ya venció al pecado y a la muerte, y en Él tenemos la fuerza para perseverar hasta el final.
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