Los Paganos
Este es el momento en que las autoridades se vuelven en contra de Jesús. Debe alejarse y recorre las fronteras de Galilea, donde está menos vigilado y donde le resulta más fácil ponerse a salvo. El hecho que se narra ocurre cerca de Tiro, una región habitada mayoritariamente por sirios y fenicios paganos.
Acostumbramos a llamar paganos a aquellos pueblos que no han recibido las revelaciones directas de Dios. Creen en Dios a su manera, pero no según lo que Él mismo nos ha enseñado. En tiempos de Jesús, solo los judíos conocían la palabra de Dios; los demás eran considerados paganos.
A pesar de que Jesús vino para salvar a todos, su Padre había dispuesto que no saliera de las fronteras de su patria. Sin embargo, en varias oportunidades se encontró con paganos y, más de una vez, se admiró de la sencillez y la fe con la que se dirigían a Él.
Dios quiere salvar a todos, pero no los lleva por el mismo camino. Algunos creen y conocen a Dios; otros, sin que sea culpa suya, no tienen la fe verdadera. Sin embargo, todos conviven en este mundo, trabajan juntos para solucionar sus problemas y se esfuerzan por construir una sociedad más digna del ser humano. Y, al final, serán salvados juntos.
Durante los siglos anteriores a Cristo, Dios se comunicó únicamente con el pueblo judío y dejó que los demás lo buscaran a tientas. Esto formaba parte de su plan sabio y misericordioso. Sin embargo, debido a esta diferencia de trato, los judíos llegaron a pensar que los demás pueblos no valían nada a los ojos de Dios: ellos eran los hijos y los paganos no eran más que perros.
Cuando Jesús se encontró con esta mujer afligida, repitió el refrán despectivo de los judíos. Lo hizo para probar hasta dónde llegaba su fe: ¿sería capaz de insistir incluso cuando parecía que hasta Dios mismo la rechazaba?
Permite que la paz del silencio te envuelva. Imagina a Jesús caminando, buscando un momento de descanso y soledad. Visualiza a una mujer acercándose a Él con humildad y fe, con el corazón lleno de confianza en su poder sanador.
Contempla el diálogo entre ambos: al principio, Jesús parece rechazar su petición. Sin embargo, la mujer no se desanima ante su aparente negativa. Reflexiona sobre la lección de fe y persistencia que ella nos ofrece. A pesar de los obstáculos y aparentes rechazos, ella persiste, confiando en la compasión y el poder de Jesús para sanar a su hija.
Pregúntate:
¿Cuáles son las situaciones en mi vida donde necesito esa misma fe y perseverancia?
¿Cómo puedo mantener viva la esperanza y la confianza en Dios, incluso cuando mis problemas parecen insuperables?
Reconoce que, incluso en nuestras pruebas más difíciles, Dios está presente. Él te escucha y está dispuesto a darte el consuelo y la sanación que tanto necesitas.

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