CRISTO—EL HIJO DEL HOMBRE


Todavía no llegamos a la mitad del Evangelio y ya se perfila su fin trágico. Por primera vez, los apóstoles toman conciencia de quién es realmente su Maestro.

«Tú eres el Cristo». La palabra Cristo en griego significa lo mismo que Mesías en hebreo. Ambas pueden traducirse como El Consagrado por Dios. Este título designaba al Salvador que los judíos esperaban.

Los apóstoles han descubierto que Jesús es el Cristo, el Liberador. Sin embargo, Él les enseña que el Hijo del Hombre debe sufrir mucho.

¿Por qué Jesús se llama a sí mismo Hijo del Hombre? Hay dos razones principales. Primero, porque una página de la Biblia habla del Hijo del Hombre que llegará glorioso de parte de Dios, habiendo recibido de Él el poder sobre todas las naciones (Dan 7,13). Y, en segundo lugar, porque Jesús es el Hombre perfecto que asume sobre sí el destino de la humanidad.

Jesús debía sufrir porque ese era el destino de los hombres después del pecado. Debía sufrir y ser rechazado por las autoridades porque ese es el destino de quienes proclaman la verdad en medio del mundo. Debía entregarse voluntariamente a la muerte porque el sacrificio de sí mismo, libremente aceptado, es el único camino para la salvación del mundo.

Imagina que Jesús te hace la pregunta directamente: «Y tú, ¿quién dices que soy yo?». Proclama con fuerza en tu interior: «Tú eres el Mesías». Es un momento de claridad y revelación, donde la verdadera identidad de Jesús es reconocida y proclamada por ti.

¿Cómo resuena esta enseñanza en tu vida? ¿Estás dispuesto a seguir a un Mesías que camina hacia la cruz, que enfrenta el sufrimiento y la muerte para traer redención y vida eterna?

Que tu mirada, Jesús, nos guíe a ver las cosas como las ve Dios, con fe y confianza en su plan perfecto de redención. Que estemos dispuestos a seguirte, incluso cuando el camino sea empinado y oscuro, sabiendo que eres nuestro Salvador y Señor.

Amén.







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